Oct 01 2015

El Heredero en el Jardin de Maradona

Sarri“Si soy entrenador, se lo debo a Arrigo Sacchi. Es el hombre del que todos hemos estudiado, el que revolucionó el fútbol. Amo tanto este juego gracias a él, y soy lo que soy gracias a él”. Maurizio Sarri fue uno de los tantos aficionados al fútbol que a finales de los años 80 vivió cautivado por el juego de aquel histórico Milan.

Tan cautivado que sintió la necesidad de vivir esas mismas sensaciones. Sarri nunca fue jugador profesional, y desde 1990 se dedicó a entrenar, como hobby, a pequeños clubes de la Toscana, hasta que en el año 2002 decidió dejar su cómodo puesto en la prestigiosa banca Montepaschi de Siena para dedicarse única y exclusivamente al fútbol.

En su momento, una locura, teniendo en cuenta que su banquillo era el de la modesta Asociacione Calcio Sansovino, a la que había ascendido dos años antes de la Ecellenza Toscana a la Serie D. Esa temporada, la 2002/2003, la primera como desempleado de banca -en Italia utilizan a veces el término para referirse a él, “l’ex impegiato di banca”-, ascendió al equipo a la Serie C2 -la cuarta categoría del fútbol Italiano en ese momento-, y ganó la Coppa Italia Serie D.

Desde entonces vivió una ascensión constante, hasta que en junio de 2012 firmó por Empoli, el escalón definitivo que determinó, definitivamente, su inclusión en la élite del calcio.

El gran trabajo de Maurizio Sarri en el Empoli Football Club fue reconocido de forma unánime en Italia.

Sarri, aunque nacido en Nápoles por los compromisos profesionales de su padre, es de padres toscanos y responde tajantemente si le preguntan si se siente toscano: “no me siento, lo soy”. Lograr el banquillo de uno de los clubes importantes de la región hizo que la comunión con todo lo que rodeaba a su Empoli fuese sobre ruedas desde el primer momento. El equipo se repuso del duro golpe que supuso perder la final del play off de ascenso

LA PRESIÓN ARRIBA ERA EL GRAN RASGO DEFINITORIO DEL EMPOLI DE SARRI

A aquel Empoli podías verlo y, sin conocer absolutamente nada de Maurizio Sarri, darte cuenta de que Arrigo Sacchi era su más absoluta referencia. Era un equipo que marcaba las diferencias en su juego sin balón, en su trabajo defensivo y en su comportamiento coral. Esto no tiene nada que ver con un sistema conservador, que es lo lógico en la Serie A para los equipos cuyos objetivos son el no descender o una situación de mitad baja de tabla, y el Empoli 14/15 se caracterizó por dominar dos conceptos de forma milimétrica: la presión y el achique. La idea de Sarri era robar la pelota en campo rival y transitar con velocidad, y para eso utilizaba una primera línea de presión compuesta generalmente por Maccarone, Pucciarelli y Saponara (este último a partir del mercado invernal), una segunda con dos interiores hiperactivos como Croce y Vecino, y una tercera en la que Valdifiori, el mediocentro, acompañaba para evitar recepciones entre líneas del rival. El cuarto bloque era la defensa, que marcaba la diferencia con su sincronía y buena lectura, generalmente compuesta por Hysaj, Rugani, Tonelli y Mario Rui. Sarri mandaba esa línea defensiva muy arriba, y por lo tanto la agresividad de los de delante para evitar una pelota a la espalda era clave, pero si esa presión era superada, si el pasador armaba la pierna, la defensa se activaba para dar a la par varios pasos atrás y acompañar el desmarque de ruptura. El Empoli cumplió sus objetivos en base a esta idea.

Con balón, Sarri decidió simplificar las cosas, adaptándose a la idea básica, que era poder cumplir con la primera premisa, el sistema de presión y achique. Valdifiori se convirtió en el eje, y el juego del equipo con la pelota giraba en torno a él. El reciente fichaje del Napoli tiene una característica básica: no pierde el balón en lugares donde el equipo puede quedar vendido. Tiene un buen pase raso para encontrar a la gente de tres cuartos, pero si no lo ve claro, si siente la más mínima opción de riesgo, manda una pelota larga y a las esquinas para que la peleen los puntas o desde donde, si el lateral rival se hace con el cuero, el equipo pueda empezar a presionar. Dos parejas terminaban de configurar la base de la ofensiva azzurri: sus puntas y sus interiores. Sarri utilizaba dos delanteros que nunca estaban quietos, ofreciendo alternativas a los poseedores, con un Maccarone más inteligente para asociarse y un Pucciarelli más capaz de desbordar, pero sobre todo con la base de la movilidad. Los delanteros no tenían la función de finalizar, y sí la de dinamizar a los suyos y mover a la defensa rival. En el caso de los interiores, Vecino y Croce permitían salida exterior, muchísimo recorrido y agresividad defensiva. Fueron elegidos con tino y por eso el equipo funcionó. El futbolista que terminó de completar la idea fue Saponara, el hombre con más capacidad resolutiva si hablamos en términos individuales. En definitiva, aquel Empoli era un equipo optimizado al máximo, con las ideas muy claras y con una serie de futbolistas elegidos milimétricamente para desarrollarlas. La pregunta, evidentemente, es si Sarri podría trasladar todo aquello a una plaza tan complicada como es Nápoles. Sobre todo, no porque aquel Empoli jugase de forma conservadora, si no porque para que funcionase debía de minimizar riesgos, y eso no resulta divertido para el futbolista. El Napoli, además, tiene unos cuantos a los que les gusta divertirse.La intención inicial de Sarri al llegar a Nápoles ha sido trasladar las características de su Empoli. Pero…

LA GOLEADA ANTE LA LAZIO MUESTRA UNA EVOLUCIÓN

La primera idea de Sarri, a nivel de dibujo, fue trasladar el 4-3-1-2 del Empoli al Napoli, e incluso fichó a dos titulares indiscutibles en el club toscano, caso del lateral Hysaj y del citado pivote Valdifiori, para llevarlo a cabo. Para empezar a hablar del Napoli 15/16 hay que detenerse en el shock que supone el paso del Rafa Benítez de Nápoles al mencionado libro de estilo de Sarri.

Con Benítez, el Napoli explotaba sus mejores características en acciones de contragolpe, y para conseguirlo, el técnico madrileño pretendía organizarse en dos líneas de cuatro hombres, ir replegando, a no ser que la situación fuese muy propicia para presionar, y asestar el golpe cuando el rival dejase espacio para correr. Es decir, su modelo defensivo era bastante más conservador que lo que pretende instaurar Sarri, y hacer que el equipo mute a esta versión requerirá de tiempo. De hecho, en las primeras jornadas vimos a un Napoli dubitativo en situaciones de presión, y eso significó que el rival colase bastantes pelotas a la espalda de una también desorientada línea defensiva. Hasta el momento, el mejor ejemplo de adaptación al modelo está en la goleada que los partenopeos le endosaron a la Lazio (5-0), en la que funcionó el sistema de robo en campo rival, y el de anticipaciones a través de los centrales -Albiol y Koulibaly ese día-, en la que ha sido la mejor actuación de un equipo en lo que llevamos de Serie A. Conceptos que se deben de ir asentando, aunque Sarri ha descubierto que el perfil de esta plantilla es muy superior al que tenía entre manos, y que debe de incorporar a su idea más matices a nivel de construcción.

De hecho, las dos primeras decisiones parecieron estar enfocadas a ello, y son cambios de roles en dos de los jugadores con más talento de la plantilla: Hamsik e Insigne. El eslovaco abandonó el papel de mediapunta del que no había salido con Rafa Benítez para pasar a jugar como interior izquierdo, lugar donde Mazzarri ya le había utilizado de manera regular, aunque es justo decir que con una función diferente. El Hamsik 15/16 es un organizador, un futbolista que acumula pases y recibe muy cerca del pivote. Su volumen de participación ha crecido, y aunque tiene la libertad para pisar área, su juego ya no está enfocado a lanzar contragolpes y acabar en zona de remate. En el caso de Insigne, la idea inicial fue la de darle las llaves del puente ofensivo. Como ’10’, debía de agilizar el ataque posicional, moverse entre líneas y bien desbordar, bien colar un pase de gol, o bien disparar desde fuera del área. Las dos modificaciones, de partida, dejaron entrever que se trataba de un acierto, aunque el Napoli no terminó de funcionar bien en los primeros partidos de campeonato. Y fueron varias las posibles causas.

HAMSIK, INSIGNE E HIGUAÍN PARECEN MUY CÓMODOS EN ESTE NUEVO NÁPOLES

No pareció ser una de ellas la figura de Valdifiori, aunque es cierto que con Jorginho en esa posición de pivote el equipo gana en manejo. En manejo, simplemente, porque Jorginho es más ágil para desbordar a un rival o guardar la pelota. Valdifiori no la pierde porque no arriesga, pero también eso supone que en esas ocasiones, Hamsik o Insigne no reciban, si no que deban de ir a presionar, y está bastante claro qué es mejor para ambos. De momento, el italo-brasileño está resultando una buena alternativa. La segunda causa tiene que ver con Higuaín y su acompañante. Por un lado, a Higuaín le sienta mejor no tener que compartir la punta, porque le resta movilidad y le quita espacio. Como único delantero se siente el jefe del ataque, se puede desmarcar hacia cualquier perfil y elegir si quiere correr hacia delante o tirar un movimiento de apoyo. Por si fuera poco, sus teóricos acompañantes -Mertens, Callejón o Gabbiadini- no son delanteros. Así que Sarri ha decidido abrir a dos de sus tres atacantes, y otorgarle a Higuaín el papel que más le gusta como único centrodelantero. Esto, además, ha devuelto a Callejón a su zona más natural, la banda derecha. Es cierto que en Nápoles Callejón ha ganado en movilidad interior y capacidad de asociación, pero quitarle la opción de quedarse escondido en banda para romper dirección portería en el momento oportuno, es eliminar de su repertorio su jugada favorita. Con el 4-3-3, a Callejón le han vuelto a salir las alas, y el único posible damnificado, Insigne, no lo es tal. El napolitano sigue teniendo libertad para jugar por dentro, y de hecho parte de la zona a la que caía para recibir jugando como ’10’ para juntarse con Hamsik. Ahora, está cerca del eslovaco, pero también le da más espacio a Higuaín. Como se demostró ante la Lazio, está equilibrando su idea para adaptarla a la plantilla napolitana.

Evidentemente aún al Napoli le queda mucho por andar, pero hay varias cuestiones que hacen considerar a esta andadura de Sarri en el banquillo partenopeo uno de los proyectos más atractivos para seguir en el fútbol de élite esta temporada. En primer lugar, saber que la idea de presión y achique, aunque deba pulirse, ha funcionado en un día exigente, como fue la visita de la Lazio el pasado fin de semana. La segunda, que el técnico ha reaccionado rápidamente para moldear su modelo ofensivo, de forma que los jugadores que tiene en este momento -los de más calidad que ha dirigido nunca- puedan potenciar mejor sus virtudes. Ahora la pregunta por resolver es si Maurizio Sarri conseguirá equilibrar de forma óptima su idea de partida y la realidad con la que se ha topado, pero las sensaciones son que parece estar reaccionando rápido. De momento, Arrigo Sacchi no ha dudado en darle un buen empujón mediático:

“Es mi heredero”, ha dicho. Palabras mayores y de momento, excesivamente exageradas. Por suerte, parece que Sarri no se deja dorar la píldora y está construyendo de la mejor forma: resolviendo los pequeños problemas para impedir que estos se hagan demasiado grandes. Desde luego, él sabe mejor que nadie lo que cuesta llegar hasta aquí.

Fuente: Ecos del Balón.

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