Entrevista a Paolo Maldini

image002Con Paolo Maldini empezamos por la foto. Papá Cesare tiene un brazo en su espalda y sonríe, pero no demasiado. No está exponiendo una joya de la familia (es demasiado pronto). Es padre, famoso, al lado del hijo que eligió el mismo deporte. Del barro del balón y en las piernas del chaval se puede deducir que el campo estaba duro por la lluvia. Y también por el chubasquero del padre, pero que no renunció a los mocasines con borlas.
Tampoco lo hacía como segundo de Rocco, en los días de mal tiempo en San Siro. Y el Parón, que en las circunstancias usaba viejas zapatillas de tornillos, le hacía bromas en triestino. Tipo: “El desfile de modas no es aquí”. Cesare, como Yanez, tenía en la mano el enésimo cigarrillo.
“Pero lo dejó hace muchos años”, dice Paolo. “No me habítuo a hablar de él en el pasado. En la mente aparece el presente de manera espontánea. De todas formas, tenía 14 años en la foto. No reconozco el campo, seguramente en la periferia, pero no es el de Linate”.
¿Cómo se lo tomó Cesare la idea de tener un hijo futbolista?
“Como un padre a la antigua. Juegas solo si vas bien en la escuela, si no es así lo dejas. Era el primero de los hombres y por tanto el primero en intentarlo. Nac ieron Mónica, Donatella que jugaron al baloncesto en A2, Valentina. Después de mí Alessandro, que jugó al baloncesto en la cantera de Tracer, Piercesare, que pasó por los juveniles del Milan y luego jugador en Pavia, en Viareggio”.
“Del equipo del oratorio de Plaza San Pío X pasé al Milan. En el oratorio el campo era de cemento y de pequeño tenía la fijación de jugar en portería. Me tiraba y me hacía bastante daño. Para mí era un juego, no pensaba en la fama de mi padre. En casa, en el piso inferior al nuestro, un compañero de colegio tenía una gran terraza: jugábamos uno contra uno, incluso dos contra dos”.
“Descubrí casualmente que mi padre, cuando estaba en casa, y no sucedía a menudo, nos miraba desde nuestro balcón. Recordando esos años, descubrí otra cosa: que me entrenaba solo, contra un muro, un toque, dos toques. Volviendo del colegio me bajaba dos paradas antes y hacía una carrera contra el tranvía. Creo que mi competitividad nació de ahí”.
¿En qué sentido Cesare era chapado a la antigua?
“No mostraba mucho, pero me di cuenta cuanto amor tenía a su manera cuando estaba cerca, incluso cuando entrenaba al Foggia, en Terni, en Parma. Cuando todos estábamos cerca, nada de hacer jaleo en la mesa cuando empezaba el Telediario. El silencio absoluto en una mesa de ocho personas como mínimo era una utopía. A veces éramos más, en los tiempos de los primeros morosos, de las primeras novietas”.
“Mis padres unían las estrategias: llévenlos a comer o a cenar, así los conocemos. Nos parecía una gran apertura de confianza, pero era también para saber con quien nos veíamos. Cuando tenía edad para tener moto, mi padre siempre me lo negó. Basta que te distraigas un segundo y dejas de jugar con el balón, decía”.
¿Entonces?
“No le hacía caso y cogía una que tuvieran mis hermanas. Tuve algún choque con mi padre. Él tenía su carácter, yo el mío. Nada gr ave, pero si había una estupidez llevada de la mano yo lo hacía. Nunca en el campo, solo fuera. Recuerdo perfectamente la cara que tenía cuando llegué a casa a las 7 de la mañana. Vacaciones en Versilia, él estaba en las Olimpiadas de Los Ángeles, mi madre se fiaba aunque lo hacía con las orejas gachas, quizás no tan pequeñas. No calculé los días, mi padre acababa de volver y estaba en la calle esperándome. Digamos que no se lo tomó nada bien” .
¿Cómo le fue en los estudios?
“Bien, hasta el tercer curso de liceo científico en el Leonardo Da Vinci. Suspendí, intenté recuperar el año yendo a un instituto privado pero no era capaz de juntar libros con balón. Con 13 años tenía tres entrenamientos semanales, martes, jueves y viernes, más el partido. Es algo que siempre tengo presente, cuando hablo con mis hijos pero sobre todo, si me preguntan los padres de compañeros de mis hijos”.
¿Cuando nació su vocación, por llamarlo así?
“Creo que fue viendo el Mundial de 1978, viendo sobre todo a Bettega. Cuando le dije que quería estar en un verdadero equipo, mi padre, aparte de su inseparable referencia a la importancia de los estudios, solo me hizo dos preguntas: ¿Quieres jugar en el Inter o en el Milan? ¿En la portería o fuera?”.
Curiosa la primera pregunta
“No quería que me sintiera obligado a recorrer su mismo camino, quería que me sintiera libre”.
¿Así fue?
“Sí, también gracias al comportamiento de mi padre que nunca me obligó, ni pretendió para mí que hubiera atajos. Con 10 años lleg ué al Milan y el técnico le pidió a mi padre: señor Maldini, ¿donde le pongo? Ah, no lo sé, mírelo usted, dijo mi padre, marchándose a una esquina de la tribuna, lo más lejos posible del campo. Debuté como volante derecho”.
“Pero la voz de ‘hijo de’ me acompañó hasta el primer equipo. Juegas solo porque eres el hijo de Maldini: voces de rivales pero también de padres de mis compañeros. Sé que a Sandro Mazzola se le reservó el mismo tratamiento. Es algo que quiero reponer a mis hijos”.
Es la hora de recordar una frase de Cesare: “Ya no es el hijo de Cesare, soy el padre de Paolo”. No está mal
“Sabía que sería algo espiritual, crecido en la escuela de Rocco pero rigurosamente abstemio. Cuando murió, recibió muchísimos mensajes de gente con el que ganó el Europeo Sub-21 tres veces seguidas, incluso cuando no tenía un gran equipo. Señal que con los chicos tenía una fuerte y clara relación. Nunca fue a hablar con mis entrenadores, les dejaba hacer, respetaba las posiciones. Gracias a Dios me enseñó tanta técnica y poca táctica, para la táctica ya tenía a Sacchi”.
“El Milan, incluso en la cantera, siempre privilegió la técnica, mientras otros equipos como Inter, Torino, Atalanta, son más físicos. Con mis hijos hago como mi padre: les sigo sin indicarles, no me importa si llegan a ser campeones o se quedan a mitad de camino o lo dejan dentro de dos meses. El estudio cuenta, como lo es que sean felices. Nunca he ido a hablar con sus entrenadores, ni siquiera cuando eran ex-compañeros, como Nava e Inzaghi”.
“Hace falta respeto, decía a menudo mi padre. Y es cierto, hace falta respeto: posiciones, reglas, árbitro, rivales. Una noche, concentrado con la Selección, quise sacarle los dientes a un compañero: si te atreves a hacer con esta camiseta las entradas que haces en liga, te mato. Como capitán, podía permitírmelo”.
¿En qué punto están sus hijos entre estudios y balón?
“Los estudios van bien. Christian es un armario, juega de central en la Primavera del Milan y en tres años ha crecido casi 30 centímetros. Tiene 19 años, mide 1.88. Daniel tiene 15 años y, siempre en el Milan, juega en los Giovanissimi. No soy indulgente, más bien comprensivo. A esa edad, es difícil tener tiempo para más. A mí nunca me ha pesado. El periodo entre los 17 y los 18 años es el más delicado”.
“La familia es fundamental. Yo tuve la suerte de entrar con 17 años en un vestuario donde se aprendía rápidamente, teniendo compañeros como Baresi, Evani, Galli, Tassotti, Terraneo. Y se crece rápido. Con 19 años me fui a vivir solo. Mi madre lo sabía desde hacía seis meses, a mi padre se lo dije únicamente la noche antes de la mudanza”.
¿Qué puede enseñar hoy el fútbol?
“Un deporte de equipo, todos y no solo el fútbol, te enseña muchas cosas. Hay meritocracia, juegan los mejores, no el más rico o el más simpático. Si un compañero está en dificultades, debes echarle una mano. Si te equivocas, asumes la responsabilidad y no lo echas contra los demás. Cosas que sirven para la vida. Si uno es bueno en el campo también lo eres fuera. Ídem si eres indigno. Mi padre decía: compórtate bien, se honesto, empéñate siempre al máximo y el 90% estará hecho”.
“Ahora todo es más difícil: hay chicos que con 13 años tienen procurador y patrocinador técnico, hay padres convencidos de tener en casa al nuevo Messi, cargan sobre sus espaldas sus expectativas, hay entrenadores que solo piensan en la clasificación y no en el crecimiento mental del chico, que quizás vino de lejos y no tiene el apoyo de la familia. Sé que sobre mis hijos eixste más peso que el que tuve yo. Y los vigilo”.
¿Y Paolo Maldini en el Milan del futuro?
“En un momento tan difícil para el equipo y el club diría que es mejor callar. Pero diré lo que le dije a Berlusconi la última vez que nos vimos: si existe la posibilidad de darle algo al Milan, que tanto ha dado a la familia Maldini, ahí estaré. Pero hace falta compartición de ideas, hace falta que me acepten por como me conocen”.
Fuente: Repubblica.it

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2 comentarios

    • yosmel en 1 junio, 2016 a las 8:17 am
    • Responder

    Buenas palabras de hombre como el Maldini .

    • yosmel en 1 junio, 2016 a las 8:18 am
    • Responder

    Buenas palabras de hombre como el , Maldini .

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