Desempolvando la Historia

Giuseppe Meazza: El capo de la selección italiana

Uno de los grandes italianos, un futbolista de enorme calidad que remataba como ninguno. El ‘Peppino’ empezó el Calcio con solo 17 años y tras su debut con el Inter de Milan, en el que marcó dos goles, se convirtió en la gran figura del campeonato italiano. Marcó 33 goles la temporada siguiente y fue máximo goleador en el siguiente, año en el que levantó el ‘Scudetto’ con su equipo el “rossonero”. Es por eso que el estadio de San Siro de su ciudad natal, Milán, lleva su nombre desde 1980.

Eran los primeros pasos de una de las leyendas del fútbol. Aún no se sabía la historia que haría, pero este jugador llevaría a Italia a conquistar dos Mundiales de manera consecutiva. La ‘azurra’, que se había negado a participar en el torneo de 1930, era la encargada de albergar la edición de 1934.

Vittorio Pozzo el director técnico de la selección en ese entonces, formó un equipo que basó su éxito en su condición física. Con una preparación impresionante, Italia incorporó a tres futbolistas sudamericanos. Raimondo Orsi, Luis Monti y Enrique Guaita, que habían vestido la camiseta de Argentina recientemente, reforzaron el combinado italiano.

Desarrolló prácticamente toda su carrera deportiva en el Inter de Milán, teniendo el récord de goles en su primera temporada en Serie A como ya se mencionó anteriormente también ganó la Copa de Italia en 1939. Al final de su carrera jugó en el AC Milán, en la Juventus y en el Atalanta, aunque se retiró en el Inter de Milán equipo de sus amores.

Que el estadio del Milán lleve su nombre no es cualquier cosa. Y es que Giuseppe Meazza fue el mejor jugador italiano de antes de la Segunda Guerra Mundial o al menos así se le considera en su país. Tras casi 20 años de carrera, “Peppino” se colocó como tercer máximo goleador de la historia del Calcio marcando 216 goles en su mayoría en el Inter de Milán

Atacante fino y potente, llamaba la atención por su calidad en la gambeta además de su altanería ante una definición ya que su jugada favorita consistía en enfrentar al portero uno contra uno, lo eludía y entraba en la portería con el balón en los pies, jugada que demuestra el coraje con el que solía jugar. Fue el máximo goleador del Calcio en tres ocasiones: 1930, 1936 y 1938. Su obra de arte fue el 27 de abril de 1930, contra la Roma, cuando marcó 3 goles ¡en 3 minutos! Sí, estamos hablando de hace casi 90 años.

Esta eficacia anotadora también se plasmó en la selección. En el mundial de 1934, marcó el gol que clasificó a la Squadra Azzurra para las semifinales contra España. Era la primera vez que se hacían eliminatorias e Italia era el equipo local. En la final tampoco defraudó, cediendo el gol de la victoria a su compañero Schiavio (2-1) y ofreciendo a Italia su primera Copa del Mundo.

El mundial siguiente celebrado en Francia, ocurre una anécdota interesante. Italia se enfrentaba a Brasil en semifinales en el estadio Velodrome, ubicado en Marsella. Luego de aproximadamente una hora de partido su equipo ganaba por un gol a cero y se le presenta la oportunidad de aumentar la ventaja mediante un penal. El encargado de cobrarlo no era otro que Giuseppe, quien desafortunadamente tenía roto el elástico de su pantalón, sumamente inconveniente, aunque todos pensaron que no sería capaz de cobrar por estar incómodo, no se detuvo pues con la izquierda sostuvo su pantaloncillo y con la derecha colocó el balón en el punto penal. Así mismo cobró el penal con un remate magistral que no dio chance al guardameta brasileño poniendo el partido 2 a 0 y dando el pase a su selección a la final que ganaría también contra Hungría 4 goles a 2.

Convocado 53 veces, anotó 33 tantos para la azzurra, un récord que duraría 30 años (hasta la llegada de “Gigi” Riva y sus 35 goles). En 1939 llegó el peor momento de su carrera ya que se lesionó de gravedad y se pasó un año alejado de los terrenos de juego. Nunca volvió a ser el mismo. Fichó por el AC Milán, la Juventus, el Varese y el Atalanta, regresando en 1946 al Inter como entrenador. Su vuelta evitó el descenso de los Nerazzurri. Meazza se retiró un año más tarde, quedándose como entrenador del equipo esa temporada y entre 1955 y 1957.

Un astro que vimos pasar y ni nos dimos cuenta, un soñador incansable que partido tras partido hizo ver al mundo de lo que era capaz. Muchos nombres saltan a la vista al momento de decidir quien ha sido el mejor, pocas veces se menciona a Meazza pero sin duda, Giuseppe debe estar para siempre en una considerable posición merecida entre los mejores de la historia del fútbol.

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